¿Necesitáis respuestas? Javier J. Valencia viene al rescate para proporcionarnos algunas.

Probablemente tras el capítulo 8 sea el mejor momento para leer un análisis de la situación, de todo lo que ha ocurrido. Y es que en el último capítulo ocurrieron muchas cosas…

El episodio octavo, más que los anteriores, me ha parecido que ha resultado de una simbiosis entre Mark Frost y David Lynch como pocas veces se había visto anteriormente, quizá desde el piloto de 1990. Frost ha podido recapitular y hacer uso de toda esa mitología construida en gran medida en los últimos capítulos de la serie original, re-elaborada, diríase que muy ampliada y puesta a punto para la ocasión, y Lynch ha sido capaz de interpretar aquello que no puede ser realmente narrado ya que no tiene equivalencia humana, con su habitual talento para soñar con espacios muy, muy lejanos y ser capaz de capturarlos en la cámara como si ésta fuera un lienzo. El bibliotecario y el pintor. Además han recogido bastante material desechado en el pasado -por falta de tiempo para mostrarlo, principalmente-, lo han remozado y le han dado un nuevo aspecto. Tan nuevo que han asustado a algunos de los fieles del programa de los 90, pero al tiempo; pasada la impresión inicial apuesto a que volverán. Tal es el hechizo. Han abrazado también, definitivamente, el terreno de la ciencia ficción y ciertos aspectos espirituales que hasta ahora solo habían tanteado, y sin ningún miedo. Sospecho que ambos al tener una cierta edad ya no sienten la necesidad de esquivar ciertos temas ni de disimular sus sistemas de creencias.

Podéis leer el análisis del capítulo aquí.

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