Nuevo análisis del último capítulo a cargo de Javier J. Valencia

Como todas las semanas, os enlazamos al análisis que, uno de los grandes expertos en Twin Peaks, Javier J. Valencia, realiza sobre el último capítulo en el blog El pájaro burlón.

Magnífica la sexta hora de Twin Peaks, desde mi punto de vista la mejor desde la tercera (aún insuperable, por rompedora). Una sombra se cierne sobre la aparentemente idílica localidad norteña cuando un nuevo y terrible crimen la asole; empero, no tendrá nada que ver con la muerte de Laura Palmer. La llegada de nuevos y siniestros personajes a la serie como Red (Balthazar Getty, visto muy brevemente en en el segundo episodio tirándole los trastos a Shelley en el Roadhouse), un traficante de drogas esotérico, o el salvaje asesino Ike “The Spike” (Christophe Zajac-Denek), que ha puesto una diana en el rostro del pobre Dougie tras matar con ensañamiento a Lorraine (Tammie Bird) aumentan la sensación de que algo siniestro está acechando. Extraños mensajes en rojo -que significan muerte- aparecen mágicamente en la pantalla del ordenador de Duncan Todd (Patrick Fischler), monedas lanzadas al aire permanecen colgadas en el tiempo, Carl Rodd (Harry Dean Stanton, inmenso en todas sus escenas, en especial la del atropello, a título personal highlight de un episodio repleto de aspirantes a dicho título) es capaz de ver el alma de un fallecido desvanecerse, y el conjunto insinúa que algo se está quebrando y que son demasiadas cosas, demasiadas coincidencias. Demasiadas puertas de ese otro lado influyen en el de Twin Peaks, como si se estuvieran quebrando. Ya no es que lo que ocurra en un plano influya en el otro: es que un plano está co-habitando en el otro…

Podéis leer el análisis completo aquí