Ahora que han pasado los días y hemos podido reposarlos, Juan Sánchez escribe para Universo David Lynch un análisis de los dos primeros episodios de la nueva temporada de Twin Peaks.

Encarar la sinopsis de una obra como Twin Peaks no es tarea fácil. Es un material que como un sueño, se resiste al análisis y a su disección, los códigos narrativos comunes no funcionan con él. David Lynch compone con la resurrección del fantasma de Laura Palmer una obra pictórica que se siente y se vive más que se comprende, un cuadro con amplias tonalidades que sólo puede afrontarse de manera introspectiva e íntima.

Cada persona sacará una conclusión diferente de los primeros compases de esta temporada, pero hay algo que está claro: no dejará indiferente a nadie, seas detractor o amante de la obra original. Eso sí, adentrarse en esta tercera temporada sin haber visto las dos anteriores es una empresa casi suicida, visionarla no tiene sentido sin entender el contexto y los personajes anteriores, e incluso sabiendo esto la idea de cómo descifrar el enigma que se nos pone por delante es complejo.

David Lynch, junto con Mark Frost (dúo que sellan y garantizan la calidad y continuidad de la obra) no muestran el menor interés por complacer a la audiencia, por ofrecer un relato mascado y digerible para el gran público. El visionado de este primer tramo es angustioso, incluso incómodo, y no ofrece a duras penas momentos de recreación, su tono es más bien opresivo, más cercano al del filme “Fire Walk With Me”. Encontramos también referencias del cine Lynchiano, como Eraserhead, Lost Highway y Mullholland Drive. En resumidas, estamos ante una obra que es puro Lynch, donde el genio despliega su creatividad acumulada durante años.

Lynch rompe con el código estético y las reglas internas de la serie, convirtiéndola en algo ajeno y a la vez cercano, la primera forma en la que toma distancia de las primeras temporadas es llevándonos de manera desordenada por diversos lugares. Ya el pequeño pueblo no es la localización central de la historia, sino que su universo se expande y alarga sus tentáculos, creando la sensación de que hay muchos más sitios donde se desarrollan hechos inexplicables, los casos de la rosa azul, que sólo se trataron de manera superficial en la serie original parecen adquirir una mayor entidad aquí. Las cosas han cambiado mucho en estos 25 años, y ese mal perenne que conocemos como BOB parece haberse hecho más fuerte, ahora no se refugia sólo en el frondoso bosque de Twin Peaks, con sus altos árboles que maravillaron a Cooper a su llegada a Twin Peaks, sino que también se refugia entre los grandes e imponentes rascacielos de la ciudad de Nueva York, que frente a su aparente modernidad ocultan también esa maldad primordial.

En este mundo, la violencia es brutal, y se desarrolla de manera irracional y espontánea, el primer cadáver que se nos presenta, a pesar de ser una mujer (o dos, deberíamos decir), está despojado de toda la poética macabra de aquel plano de Laura Palmer envuelta en su bolsa de plástico, aquí la escena se torna grotescamente desagradable, no tenemos ningún dato sobre esa persona y su pueblo no parece reaccionar ante su muerte. De hecho, su cadáver llevaba varios días en descomposición. En Twin Peaks la muerte de Laura Palmer era como una suerte de drama colectivo que alteraba el carácter de todos sus habitantes, aquí la oscuridad y la logia negra ganan paso, el mundo cálido y hogareño de Twin Peaks da lugar a la frialdad urbanita, donde contemplamos un asesinato no con tristeza sino con asco y pavor.

La otra novedad importante es sin duda el que se postula como el villano principal de la nueva temporada: Mr. C, el doppelganger de Cooper, su versión oscura y retorcida, cuyo carácter infunde medio, allí por donde aparece deja a su paso un reguero de sangre y muerte, es implacable y cruel, es decir, todo lo contrario que nuestro querido agente del FBI, además, tiene algún tipo de conexión con Phillip Jeffries, el agente del FBI desaparecido en Buenos Aires. El mismo le advierte que tendrá que regresar a la logia negra, sin embargo, Mr. C parece rebelarse y dice tener “un plan” para evitarlo.

También hay lugares comunes en estos capítulos, el inicio en la sala de espera es tan desconcertante como de costumbre, el Cooper que aquí vemos no es aquel alegre y jovial de las temporadas anterior; se encuentra entre confuso y abstraído, parco en palabras, durante varias escenas se le aparecen diferentes habitantes de este otro mundo (como Laura Palmer, haciendo realidad sus proféticas palabras); éstos parecen revelarle que podrá salir de la sala de espera, pero no parece que esto sea una tarea fácil.

Por otro lado, también hay retazos de nuestro querido Twin Peaks, donde se concentran los mayores puntos de humor surrealista que tanto caracterizaban el tono de la serie, sin embargo la imagen de Twin Peaks es melancólica: parece un pueblo atrapado en el tiempo, donde las cosas no cambian, de hecho no parece que la población que nos anunciaba su cartel de entrada (51.201) se haya visto alterada en lo más mínimo, sus habitantes siguen realizando sus mismos roles y tareas, siguen siendo iguales, aunque obviamente mucho más viejos y abatidos por el paso del tiempo. Twin Peaks es un pueblo que ya no debería existir, una anomalía en nuestra época.
Los últimos minutos de la premiere, en el bar bang bang bien lo atestiguan: es un lugar onírico entre mundos, casi irreal, desfasado y poblado por figuras del pasado que se resisten a desaparecer.

Por último, me gustaría destacar la escena en el apartamento de Nueva York, el de la caja de cristal, supuestamente una caja que permite de alguna manera capturar o ver criaturas del otro lado, hay que recordar que las criaturas del otro lado no tienen una forma predefinida y comprensible para los seres humanos. Aquí Lynch parece lanzar un guiño a los espectadores, que también nos sentamos delante de una caja que miramos fijamente, con la esperanza de atisbar algo que podamos reconocer. El problema es que quizá aquello que veamos sea algo totalmente incomprensible para nosotros. En todo caso, seguiremos mirando pacientemente la caja en busca de las ansiadas respuestas, que van quedando sepultadas entre una maraña cada vez más grande de misterios. Bienvenidos, de nuevo, a Twin Peaks.

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